FIN DE AÑO

 

El fin de año es un barco

anclado en un puerto impreciso.

Todos quieren llegar.

Todos se abrazan y besan.

Empujándose. Corriendo. Gimiendo.

Quieren subirse al barco y despedir,

con pañuelitos lánguidos,

a todas las cosas que no pudieron ser.

Rápido, rápido.

Las luces en el cielo, suntuosas, opulentas,

iluminan la cara de los viajeros.

Rápido. Rápido.

Piensan. Desean. Brindan.

El barco sigue en el puerto impreciso.

Ahora todos se bajan y comentan

lo bueno del viaje.

Las cosas que no pudieron ser, esperan.

Siempre esperan.

Alicia Márquez

 

ALFA Y OMEGA

 

Los camalotes son sirenas

que vagan por el Paraná

y enloquecen a los barcos

que las creen islas,

persiguiéndolas eternamente

mientras ellas se alejan con sus secretos de río.

El agua empuja la canción de la tarde.

Los sauces se lavan la cabeza displicentemente,

las manos verdes

se defienden de los remos que agitan los pensamientos.

No hay caminos que recorrer.

Sólo dejarse arrullar suavemente

por la boca líquida que cuenta historias de naufragios,

sólo dejarse llevar por la nostalgia

que siempre vuelve.

Cada vez más profunda

cuando el incendio a lo lejos

silencioso y trágico,

vuelve inútiles todas las palabras.

Alicia Márquez

HISTORIA APASIONADA

 

Un crimen desató la locura.

Nadie imaginó que ese pueblo de nombre inglés,

ombúes pacíficos y campos eternos,

albergara tanta pasión.

El pueblo tenía sangre en las venas

y un aburrimiento soporífero que derretía prejuicios.

En ese pueblo de un poco más de cien habitantes desenfrenados,

el amor, la pasión y la lujuria

eran los invitados diarios.

En el pueblo había un bosque

en el que quedaban abandonadas las prendas del amor.

Los viejos del pueblo,

indignados de envidia,

se cubrían la cabeza con paños negros

y se encerraban en sus casas a rezar novenas.

El cura del lugar ajustaba silicios a su carne triste

para demostrarle al Señor su fracaso, y pedirle expiación.

El juez sólo dijo: demasiados infieles para hacer justicia.

¿De quiénes entonces serían los hijos?

Del amor, seguramente.

Mientras tanto, en el bosque,

siguen escuchándose ayes de placer,

aullidos de faunos y suspiros de princesas sorprendidas.

Alicia Márquez


e-mail: grupopretextos@yahoo.com.ar